Pensar, a partir de lo que vimos en la anterior entrada, implica ser creativo (generar ideas), ser crítico (saber analizar y evaluar ideas), y hacer todo esto de manera rigurosa y atenta (pensar “cuidadosamente”). Todo esto, además, son los pasos previos que posibilitan la toma de cualquier decisión.

El pensamiento creativo y el crítico van de la mano, pues es necesario tener ideas pero saber evaluar su “calidad”, y, en función de eso, tomar una decisión. La mutua implicación de todos los procesos que configuran el pensamiento requiere de un método de enseñanza de estas habilidades completo e integrador. La infusión mejora los contenidos al involucrar a los alumnos en el pensamiento profundo en el transcurso de su aprendizaje, a la vez que mejora su calidad de vida al incorporarse las habilidades de pensamiento a su vida cotidiana.
¿En qué lugar del currículo enseñamos destrezas de pensamiento?
Lo más apropiado, para asegurar el correcto aprendizaje tanto de los contenidos como de las destrezas de pensamiento que queremos enseñar, es utilizar ciertas estrategias para trabajar contenidos de cualquier área. De esta manera las habilidades se contextualizan, resultando en verdaderas competencias.
Por ejemplo, podemos aplicar un esquema básico de toma de decisiones a un contenido concreto. La toma de decisiones, como hemos visto más arriba, es el resultado más común de casi cualquier secuencia de pensamiento. En ella están implicados otros muchos procesos, como la generación de ideas, su análisis y comparación o su posterior evaluación.
Los pasos para la toma de una decisión pueden resumirse en cuatro:
1. ¿Qué hace necesaria una decisión?
2. ¿Qué opciones tengo?
3. ¿Cuáles son las consecuencias de cada una de ellas, y qué peso tienen?
4. ¿Cuál es la mejor opción a la luz de las consecuencias?
En próximas entradas veremos cómo aplicar este esquema a un contenido en concreto.